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Madre y bebé disfrutan la cercanía de la matronatación

Diversión en el agua y desarrollo: la matronatación

Entre la amplia oferta de actividades pensadas para bebés, la matronatación o natación para bebés es una de las preferidas de padres y madres. En esta práctica, los más pequeños disfrutan chapoteando en el agua a la vez que entrenan sus habilidades motrices y su musculatura.

Este artículo te dará una visión general de cómo encontrar el curso de matronatación más adecuado para ti y tu bebé, sabrás en qué consiste una actividad de estas características y cuáles son sus objetivos. Además, averiguarás a partir de qué edad tu hijo o hija puede aprender a moverse en el agua de forma segura.

¿A partir de cuándo podemos empezar con la matronatación?

Los expertos recomiendan empezar con la matronatación, como muy pronto, durante el cuarto mes de vida del bebé[1] , edad a la que empieza a tener el sistema inmunitario suficientemente desarrollado y un mayor control sobre su cuello y su cabeza. Sin embargo, cada bebé es distinto, y algunos podrían tardar más en llegar a este punto, por lo que hay que consultar con el pediatra antes de empezar el curso.

¿En qué consiste la matronatación?

Aunque a veces el nombre puede dar a entender otra cosa, la matronatación no tiene por objetivo que el niño aprenda a nadar, sino que se trata de una especie de gimnasia acuática. Es una actividad en la que el bebé tiene que divertirse, conocer el medio acuático a través del juego y desarrollar su impulso natural de moverse. En el agua pueden hacer movimientos que no serían posibles "sobre tierra", donde los músculos se ven limitados por la fuerza de la gravedad. La flotabilidad en el agua facilita el movimiento, por lo que los pequeños de la casa pueden experimentar consigo mismos y con sus cuerpos de una forma más intensa.

Como padres y madres, con la matronatación aprenderéis importantes maniobras y técnicas para ayudar a vuestros bebés a sentirse seguros y protegidos en el agua, aprovechando de forma óptima todas las posibilidades de movimiento que ofrece este medio.

Una amplia variedad de juegos, así como el uso de juguetes en el transcurso de las clases, facilitan el conocimiento del agua como medio por parte de vuestro hijo. La mayoría de cursos de matronatación usan también la música, elemento que, tal y como está probado científicamente, promueve el aprendizaje del lenguaje[2]. En este caso, la repetición de las canciones consolida los rituales. Normalmente, las clases comienzan con una canción de bienvenida y finalizan con una de despedida, mientras que otras canciones complementan los juegos y ejercicios.

Un bebé nada en el agua y es sostenido por la madre con un agarre especial

Por lo general, un curso de matronatación consta de diez clases, y en muchos casos se ofrece la posibilidad de recuperar las horas que se hayan perdido por culpa de una enfermedad o por otras razones médicas.

¿Qué beneficios tiene la matronatación para mí y para mi hijo?

La matronatación no solo fortalece los músculos y el sistema inmunitario de los más pequeños, sino que también contribuye de manera importante a su desarrollo anatómico y orgánico. Mejora las habilidades motoras, es decir, la coordinación, la fuerza, el tono muscular y el equilibrio, aparte de otras habilidades como trepar o saltar[3].  Con la libertad de movimientos que permite el agua se desarrolla la autopercepción y el sentimiento corporal. Para el bebé, el contacto con el agua es como una lluvia de sensaciones. Esta intensa experiencia conjunta entre padres e hijos, la cercanía física que se produce y los ejercicios compartidos ayudan también a fortalecer la confianza y el vínculo emocional. Tu bebé desarrolla, a la vez, autoconfianza y una saludable conducta social.

Sumergir a los bebés: ¿sí o no?

No solo hay una gran variedad de opiniones respecto a esta pregunta, sino que también existe una enorme incertidumbre entre los padres. El reflejo innato de inmersión no es un mito, es un hecho: los bebés retienen la respiración automáticamente cuando su cara entra en contacto con el agua[4]. Sin embargo, sin una práctica regular este reflejo disminuye a medida que el niño va creciendo, con lo que pediatras y otros expertos desaconsejan la inmersión en la matronatación.

Pero la inmersión no es la preocupación principal ni tampoco el objetivo de una clase de matronatación. Si este tipo de ejercicios se realizan o no, dependerá de quien dirija el curso. Si se llevan a cabo, tened en cuenta en todo momento las necesidades del bebé, que tiene que estar listo para bucear y disfrutar con ello. Si no estás seguro o no se te sientes a gusto con la situación, puedes perfectamente saltarte el ejercicio, aunque todos los demás compañeros de curso participen en él.

¿Cómo encuentro un buen curso de matronatación?

Además de tener la correspondiente cualificación como requisito previo básico, los encargados de impartir el curso tienen que estar preparados también pedagógicamente y tener cierta empatía. Muchos cursos también ofrecen la posibilidad de asistir a una clase de prueba, de esta forma podéis haceros una idea del funcionamiento del curso, de cómo funcionan las dinámicas de grupo y de si es lo que estáis buscando realmente.

Una cosa importante: el curso tiene que ser divertido tanto para los padres como para el bebé. Naturalmente, toda diversión comporta un poco de esfuerzo: preparar la bolsa de baño, ir a la piscina, cambiarse de ropa, asistir a la clase propiamente dicha y ducharse. Hay que intentar que todo este proceso no sea demasiado largo ni complicado, así podréis tomaros el curso con calma, cosa que será de agradecer cuando vuestro pequeño acabe rendido después de una intensa jornada de chapoteo.

¿Qué necesitamos para practicar la matronatación?

Cuando te dirijas a la piscina, asegúrate de que tu bebé está bien descansado para el inicio de la clase. Además, ten en cuenta algunas cosas que no deberían faltar en la bolsa de baño:

  • Pañal para agua: un pañal especial para nadar que evita sorpresas desagradables y protege el culito de tu bebé de las superficies irregulares donde se pueda sentar.
  • Juguetes de baño: el uso de juguetes acuáticos forma parte del curso, por lo que es conveniente poner en la bolsa sus juguetes preferidos.
  • Albornoz: para evitar que vuestro hijo no se resfríe después del baño, se debe incluir un albornoz para niños. Si tiene capucha, esta ayudará a mantener caliente su sensible cabecita.
  • Crema para bebés: después de estar un buen rato en el agua y de la posterior ducha, la piel de vuestro bebé agradecerá una dosis extra de humedad.

Una madre sostiene un bebé feliz en la piscina

Preparación para el curso

Antes de que os aventuréis a la piscina por primera vez, puedes preparar al bebé para el curso, por ejemplo, bañándoos juntos en la bañera de casa. A través del contacto corporal que se establece, pero también gracias al efecto que le produce si le hablamos o cantamos, percibirá una sensación de seguridad y se acostumbrará al agua de forma suave. La temperatura del agua se puede reducir paulatinamente hasta los 33 grados, que es la temperatura en la mayoría de piscinas cubiertas.

¿Qué más hay que tener en cuenta?

El bebé siempre es el que decide. Su comportamiento determinará cómo de activo e intenso quiere mostrarse en el curso. Si no quiere realizar los ejercicios individuales, no hay problema, puede que ese día en especial no le apetezca. Si cuando aún estáis en casa te das cuenta que estáis ante uno de esos días de refunfuñar todo el rato, mejor disfrutad del día libre sin la emoción extra de ir a la piscina.

Ocasionalmente, el ritmo diario del bebé puede variar al largo del curso. Puede ocurrir que a la hora programada de las clases a vuestro hijo ya no le apetezca ir a la piscina porque tiene hambre o está cansado. En lugar de cancelar del todo vuestro momento de diversión acuática, podéis consultar con el centro la posibilidad de cambiar a otro curso con distinto horario.